Mostrando entradas con la etiqueta Morgado-I.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Morgado-I.. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de julio de 2012

"Las caras del cerebro". Novetats bibliogràfiques

Nuevos libros analizan la actividad neuronal y las funciones de la inteligencia y la memoria

   EL PAÍS  14 JUL 2012

Antes que nada somos nuestro cerebro y la mente que él crea. Sólo lo que ellos son capaces de percibir o conocer no nos es ajeno. Por esa razón, si fuera posible trasplantar el cerebro de un cuerpo a otro, lo que en realidad estaríamos haciendo no sería un trasplante de cerebro, sino un trasplante de cuerpo. Un análisis científico y riguroso de la naturaleza humana debe entonces empezar por evitar el lenguaje dualista, el que considera que la persona o su mente son algo independiente de su cerebro”. La anterior cita procede del libro del catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona Ignacio Morgado Cómo percibimos el mundo, y da idea del espíritu que mayoritariamente dirige los esfuerzos por comprender qué es y cómo actúa nuestro órgano más querido, el cerebro.

Podemos continuar viviendo sin más, que el corazón continúe latiendo y seamos capaces de respirar, pero para tener conciencia de nosotros mismos y relacionarnos con otros y con el mundo exterior necesitamos un cerebro que funcione más o menos correctamente. De ahí no que sea nuestro órgano más querido, sino que sin él, en realidad, no somos nada, o mejor, nada más que materia, aunque sea materia organizada. Desde esta perspectiva, no es sorprendente que los científicos que se dedican a estudiar el cerebro, los neurocientíficos, se estén planteando cuestiones que van más allá de las que en un tiempo no lejano dominaban su profesión, cuestiones de las que da buena idea el libro de Douwe Draaisma Dr. Alzheimer, supongo, en el que presenta las aportaciones de 11 científicos que se distinguieron en la investigación de los trastornos de la mente. Si antes lo fundamental era centrarse en el estudio de las conexiones entre el enorme número de neuronas que forman el cerebro, así como en identificar las regiones de éste asociadas a características definidas (habla, sociabilidad, capacidad musical, emociones, razonamiento lógico, procesamiento de información visual, habilidad matemática, etcétera), ahora cada vez son más tratadas cuestiones como la de entender qué es la felicidad en base neurológica, que Francisco Mora, catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense, aborda en ¿Está nuestro cerebro diseñado para la felicidad? Entre los atractivos de pretender entender la felicidad desde las neurociencias está el que conduce a preguntas como las que se hace el profesor Mora: “¿Pueden los animales sentir felicidad? ¿Es lo mismo la felicidad en el niño que la felicidad en el anciano?”.

El cerebro es un pozo oscuro que esconde innumerables sorpresas. El libro de Ignacio Morgado repasa algunas, las más obvias y, en consecuencia, también las que nos son más cercanas. Menos evidente, o, si se prefiere, más original es lo que, con la colaboración de la escritora y periodista Sandra Blakeslee, hacen en Los engaños de la mente Stephen Macknik y Susana Martínez Conde, dos miembros del Instituto Neurológico Barrow de Phoenix que además pertenecen a varias organizaciones de magos: explicar los trucos de magia que tanto nos asombran recurriendo a las neurociencias. Es este el primer libro que se ha escrito sobre la neurociencia de la magia, y al leerlo me hice la pregunta: ¿cómo es que no se pensó antes que la magia constituye un magnífico banco de pruebas para estudiar cómo percibe nuestro cerebro? Probablemente, por la renuencia de los investigadores a salir de sus laboratorios, a abandonar las tradiciones, los problemas canónicos que han configurado sus disciplinas desde tiempo atrás. Sucede, no obstante, que aunque por su constitución biológico-molecular el cerebro deba ser estudiado de entrada de forma parecida a como se investigan otros fenómenos naturales, sus productos (pensamientos, emociones) interaccionan con lo que hay fuera de él, dando lugar a intensas retroalimentaciones, de manera que, a la postre, no es posible entender el cerebro y sus funciones únicamente “desde dentro”. Detrás de este hecho, tan evidente como complejo, se halla la dificultad de producir robots u ordenadores inteligentes, autómatas mecánicos que se comporten como nosotros, una cuestión esta que, dentro de un contexto más amplio y adoptando el enfoque propio de la complejidad, aborda Ricard Solé en Vidas sintéticas.

Es preciso ser cuidadoso en lo que se refiere a pensar que finalmente todo, incluyendo mundos como los de la economía, la justicia, la ética o la libertad, se reducirá a consecuencias de la actividad neuronal. Este es, precisamente, el asunto del que trata El mito del cerebro creador, del catedrático de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad de Oviedo Marino Pérez Álvarez, en el que “pretende esclarecer la tendencia cerebrocéntrica que domina no ya la neurociencia, sino las ciencias sociales, las humanidades, la filosofía y la cultura mundana”. Es evidente que obras como la de Pérez Álvarez no pertenecen propiamente al campo de las neurociencias en sentido estricto, lo que, por supuesto, no significa que no sean relevantes en el estudio y la comprensión del cerebro y sus funciones mentales.

Otro libro de este tipo es el de Rafael Huertas, profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Su Historia cultural de la psiquiatría propone entender la locura, un funcionamiento anómalo del cerebro, otorgando un papel destacado a la historia, entendida como un punto de encuentro entre filosofía, sociología, cultura y psicología. En más de un sentido esto es también lo que sucede con La inteligencia ejecutiva, una nueva entrega del ambicioso proyecto en el que lleva empeñado —con gran éxito— el filósofo y educador José Antonio Marina. “Durante siglos”, escribe, “se pensó que la función principal de la inteligencia era conocer. Fue la época dorada de la INTELIGENCIA COGNITIVA. Después se reconoció la importancia de la INTELIGENCIA EMOCIONAL (…). Muchos síntomas parecen anunciar que estamos en el comienzo de una nueva etapa, que aprovecha todo lo anterior situándolo en un marco teórico más amplio y potente. Desde múltiples campos de investigación emerge la idea de la INTELIGENCIA EJECUTIVA, que organiza todas las demás y tiene como gran objetivo DIRIGIR BIEN LA ACCIÓN (mental o física), aprovechando nuestros conocimientos y nuestras emociones”. Y a desarrollar esta idea dedica, con su habitual estilo, claridad y poder de convicción, su nuevo libro. Aunque menos ambiciosa, que no menos interesante, que la de Marina, otra obra que busca cumplir funciones “prácticas” al igual que de comprensión es el ensayo de Joshua Foer Los desafíos de la memoria. Somos perfectamente conscientes, ay, de que olvidamos muchas cosas, con los problemas que esto conlleva. ¿Por qué olvidamos? ¿Es posible combatir el olvido? Ayudándose de entrevistas a personas de distinto tipo, como neurocientíficos, jugadores de ajedrez o amnésicos, Foer explica no sólo por qué olvidamos, por qué olvida nuestro cerebro, sino también cómo se puede mejorar nuestra capacidad de recordar. Un detalle significativo del libro de Foer es que en él únicamente se menciona en dos ocasiones a Sigmund Freud, el iniciador de la indagación del olvido consciente. En la primera de esas citas se señala que Freud fue el primero en reparar en que los recuerdos más antiguos a menudo se recuerdan como si los hubiera captado una tercera persona, mientras que en la segunda, y a propósito de las fantasías sexuales de la infancia, Foer afirma, de manera escueta, que no está seguro de “que haya demasiados psicólogos que sigan respaldando esa interpretación”. No se equivoca con esta manifestación: las ideas de Freud ya no ejercen la influencia que tuvieron en otras épocas, y eso a pesar de que fue el principal responsable de convertir en un problema científico el hecho de que una buena parte de la información sensorial procesada no llegue nunca a hacerse consciente, aunque el cerebro pueda utilizarla de modo inconsciente para guiar comportamientos y hábitos motores y reflejos. Aunque para algunos —que crecimos leyendo, fascinados, los libros del maestro de Viena— sea doloroso, es justo reconocer esa pérdida de influencia, porque Freud suplió lo que en su tiempo, y en alguna medida aún ahora, la ciencia del cerebro no podía ofrecerle, con unos modelos teóricos que justifican el que hoy se dude si más que un científico debemos considerarlo un imaginativo y arrebatadoramente convincente escritor, que no dudó en ocasiones en mentir para sostener el edificio que había construido. Revolución en mente, de George Makari, describe, con una intensidad y extensión admirables, la creación del psicoanálisis, considerada como “la historia de un grupo de médicos, filósofos, científicos y escritores que trataron de comprender la cosa más efímera y, sin embargo, enloquecedoramente obvia: la mente”.

Como es bien sabido, en la historia temprana del psicoanálisis intervinieron de manera destacada otros personajes además de Freud. Uno de ellos, de los más notables, fue Carl Gustav Jung, que, sin embargo, terminó abandonando el enfoque freudiano para fundar su propia psicología dinámica. La Correspondencia entre Freud y Jung que acaba de publicar Trotta, en una rigurosa edición, cubre las epístolas que ambos se intercambiaron entre abril de 1906 y abril de 1914. Independientemente de lo que se piense de las ideas que sostuvieron, de lo que no hay duda es de que fueron dos grandes intelectuales y escritores cuyos razonamientos e intereses, tal y como aparecen en estas cartas, merecen ser conocidos y considerados.

Investigaciones sobre la mente
Cómo percibimos el mundo. Ignacio Morgado. Ariel. Barcelona, 2012. 219 páginas. 17 euros (electrónico: 11,99). Dr. Alzheimer, supongo. Douwe Draaisma. Traducción de Nathalie Schwan. Ariel. Barcelona, 2012. 397 páginas. 22 euros (electrónico: 15,99). ¿Está nuestro cerebro diseñado para la felicidad? Francisco Mora. Alianza Editorial. Madrid, 2012. 211 páginas. 14 euros. Los engaños de la mente. Stephen L. Macknik y Susana Martínez-Conde con Sandra Blakeslee. Traducción de Carlos Lagarriga. Destino. Barcelona, 2012. 395 páginas. 20,50 euros (electrónico: 13,99). Vidas sintéticas. Ricard Solé. Tusquets. Barcelona, 2012. 331 páginas. 20 euros. El mito del cerebro creador. Marino Pérez Álvarez. Alianza Editorial. Madrid, 2011. 240 páginas. 19,60 euros. Historia cultural de la psiquiatría. Rafael Huertas. Los Libros de la Catarata. Madrid, 2012. 224 páginas. 20 euros. La inteligencia ejecutiva. José Antonio Marina. Ariel. Barcelona, 2012. 186 páginas. 16 euros (electrónico: 11,99). Los desafíos de la memoria. Joshua Foer. Traducción de María José Díez Pérez. Seix Barral. Barcelona, 2012. 363 páginas. 19,50 euros (electrónico: 13,99). Revolución en mente. La creación del psicoanálisis. George Makari. Traducción de Daniela Marábito Rojas. Sexto Piso. Madrid, 2012. 832 páginas. 34 euros. Correspondencia Sigmund Freud-Carl Gustav Jung. Edición de William McGuire y Wolfgang Sauerländer. Traducción de Alfredo Guéra Miralles. Trotta. Madrid, 2012. 613 páginas. 30 euros.

domingo, 20 de mayo de 2012

Quina és la singularitat de la ment humana? ¿Cuál es la singularidad de la mente humana?


 

maig 15th, 2012 Centre Documentació i Debat

 
Fa uns anys, el psicòleg David Premack es va queixar: “Com és possible que el biòleg E.O. Wilson pugui distingir dues espècies diferents de formigues a 100 metres, però no sàpiga veure les diferències entre una formiga i un ésser humà?”. I és que si alguna pregunta ha fet ballar el cap a filòsofs i a científics per igual és la de la singularitat de la nostra espècie. Si bé amb el progrés científic les dades aportades a aquest debat històric són cada vegada més nombroses, també és cert que com més ample és el cercle del nostre coneixement, més llarg és el perímetre d’allò que desconeixem. Avui sabem que el nostre codi genètic i la nostra fisiologia no són massa diferents dels de molts mamífers i que allò que ens separa de les espècies animals més senzilles podria semblar irrisori. De manera que el dilema continua en peu: per què som diferents?

"Calavera" de Leonardo da Vinci
Des de fa algunes dècades un dels terrenys significatius on es produeix aquest debat és el de la neurociència. Si ens hi fixem, quan intentem definir allò que ens caracteritza com espècie, sempre ho fem referint-nos a aspectes que neixen de la nostra ment: som éssers amb consciència (és a dir, podem pensar-nos), som capaços d’emocions complexes i de fer judicis morals, i podem usar el llenguatge de manera creativa (és a dir, ens comuniquem per transmetre missatges que no tenen a veure amb la nostra supervivència i el nostre llenguatge pot tenir múltiples significats). Per tant, sembla que en l’estudi de la ment humana i de les seves capacitats es troba la possibilitat d’entendre allò que ens fa humans, encara que per ara estiguem lluny de trobar una resposta satisfactòria.
Avui, la neurociència s’alimenta de disciplines que van des de la Fisiologia, la Neurologia i la Medicina fins a la Psicologia, la Psiquiatria i la Computació. I els coneixements acumulats fan més vigent que mai el debat sobre l’especificitat dels humans. Un dels aspectes en què els neurocientífics estan d’acord és que la dualitat ment/cervell, que va ser tan estesa en la ciència moderna per influència de la dualitat cristiana entre ànima i cos, ha quedat totalment superada: la nostra ment és un producte, una funció, del nostre cervell. Indissociables, igual que ho és la roda del moviment. I si són indissociables, quan va aparèixer aquesta nova funció? Què la va fer possible? En quin moment vam ser capaços de començar a pensar-nos?
Per tal de parlar d’aquestes qüestions i plantejar el debat sobre la singularitat humana des de la perspectiva de la neurociència, el CCCB juntament amb B·Debate (International Center for Scientific Debate) ha organitzat el debat “Als orígens de la ment humana”, que s’inaugurarà el dilluns 21 de maig, coincidint amb la celebració de l’Any de la Neurociència. Amb aquest debat proposem apropar-nos a diferents aspectes de la nostra ment, com la consciència, l’empatia, la moral o l’autonomia individual, i veure què ens pot dir la recerca actual sobre aquestes qualitats humanes. Perquè potser conceptes com llibertat, art, ètica i altruisme, que han farcit la història del pensament humà, avui els podem explicar millor si tenim en compte els descobriments de la neurociència.  Per això, comptarem amb les intervencions d’experts com Ignacio Morgado, Henry Markram, Kathinka Evers, Francisco Rubia i Michael S. Gazzaniga.
http://www.vimeo.com/42126121

Per començar a fer un tast d’aquest debat, us oferim aquesta entrevista a Ignacio Morgado, on ens avança alguns del temes que tractarà en la seva conferència “La naturalesa de la ment conscient” (21 de maig, 19:30h), en la qual reflexionarà sobre un dels aspectes clau de la ment humana: la consciència.

I just l’endemà de la conferència d’Ignacio Morgado tindrem amb nosaltres a Henry Markram, que dirigeix un dels projectes més ambiciosos en l’àmbit de la recerca neurocientífica: la creació d’un supercomputador que pugui arribar a simular la ment humana. Podeu fer una primera aproximació a aquest projecte descomunal en aquesta presentació de TED.

Amb aquestes conferències, us proposem al llarg de les properes setmanes fer un viatge cap endins, cap als misteris de la nostra ment, per poder entendre millor el món que ens envolta i la manera de ser-hi, tan peculiar, dels humans. El misteri no es desvela, continuarà planant sobre nostre les nits d’insomni, amb més dades, però també amb més interrogants. No sabem què ens fa humans. I és que, potser, la nostra condició sigui la de poder pensar-nos una mica, però no del tot.

"Sortida de la LLuna" de Caspar David Friedrich

Podeu fer un seguiment més en detall d’aquest debat al bloc del CCCBLab, que setmanalment publicarà entrevistes en profunditat amb els nostres invitats, i a través dels nostres perfils de Facebook i Twitter.





Hace unos años, el psicólogo David Premack se quejó: “¿Cómo es posible que el biólogo E.O. Wilson pueda distinguir dos especies distintas de hormigas a 100 metros, pero no sepa ver las diferencias entre una hormiga y un ser humano?”. Y es que si alguna pregunta inquieta a los filósofos y científicos por igual es la de la singularidad de nuestra especie. Si bien con el progreso científico los datos aportados a este debate histórico son cada vez mayores, también es cierto que como más vasto es el círculo de nuestro conocimiento, más largo es el perímetro de lo que desconocemos. Hoy sabemos que nuestro código genético y nuestra fisiología no son muy diferentes a las de muchos mamíferos y que eso que nos separa de las especies animales más sencillas podría parecer irrisorio. De modo que el dilema continúa en pie: ¿por qué somos diferentes?

"Calavera" de Leonardo da Vinci

Desde hace algunas décadas uno de los terrenos significativos donde se produce este debate es el de la neurociencia. Si nos fijamos, cuando intentamos definir lo que nos caracteriza como especie, siempre lo hacemos refiriéndonos a aspectos que nacen  de nuestra mente: somos seres con conciencia (es decir, podemos pensarnos), somos capaces de tener emociones complejas y juicios morales, y podemos usar el lenguaje de manera creativa (es decir, nos comunicamos para transmitir mensajes que no tienen que ver con nuestra supervivencia y nuestro lenguaje puede tener múltiples significados). Por lo tanto, parece que en el estudio de la mente humana y de sus capacidades se encuentra la posibilidad de entender eso que nos hace humanos, aunque aún estemos lejos de encontrar una respuesta satisfactoria.

Hoy en día, la neurociencia se alimenta de disciplinas que van desde la Fisiología, la Neurología y la Medicina hasta la Psicología, la Psiquiatría y la Computación. Y los conocimientos acumulados hacen más vigente que nunca el debate sobre la especificidad de los humanos. Uno de los aspectos en el que los neurocientíficos están de acuerdo es que la dualidad mente/cerebro, que se extendió en la ciencia moderna por influencia de la dualidad cristiana  entre alma y cuerpo, ha quedado totalmente superada: nuestra mente es un producto, una función, de nuestro cerebro. Indisociables, igual que lo es la rueda del movimiento. Y si son indisociables, ¿cuándo apareció esta nueva función? ¿Qué la hizo posible? ¿En qué momento fuimos capaces de empezar a pensarnos?

Para hablar sobre estas cuestiones y plantear el debate sobre la singularidad humana desde la perspectiva de la neurociencia, el CCCB junto con B·Debate (International Center for Scientific Debate) ha organizado el debate “En los orígenes de la mente humana” que se inaugurará el lunes 21 de mayo, coincidiendo con la celebración del Año de la Neurociencia. Con este debate proponemos acercarnos a diferentes aspectos de nuestra mente, como la conciencia, la empatía, la moral o la autonomía individual, y ver qué nos puede decir la investigación actual sobre estas calidades humanas. Porque a lo mejor conceptos como libertad, arte, ética y altruismo, que han nutrido la historia del pensamiento humano, hoy los podemos explicar mejor si tenemos en cuenta los descubrimientos de la neurociencia. Para ello, contaremos con las intervenciones de expertos como Ignacio Morgado, Henry Markram, Kathinka Evers, Francisco Rubia y Michael S. Gazzaniga.
  
http://www.vimeo.com/42126121

Para introducirnos en el debate, os ofrecemos esta entrevista a Ignacio Morgado, en la que avanza algunos de los temas que tratará su conferencia “La naturaleza de la mente consciente” (21 de mayo, 19:30h), en la que reflexionará sobre uno de los aspectos clave de la mente humana: la conciencia.

Y justo al día siguiente de la conferencia de Ignacio Morgado tendremos con nosotros a Henry Markram, que dirige uno de los proyectos más ambiciosos en el ámbito de la investigación neurocientífica: la creación de un supercomputador que pueda llegar a simular la mente humana. Podéis hacer una primera aproximación a este proyecto descomunal en esta presentación de TED.
Con estas conferencias, os proponemos a lo largo de las próximas semanas hacer un viaje hacia dentro, hacia los misterios de nuestra mente, para poder entender mejor el mundo que nos rodea y la forma de estar en él, tan peculiar, de los humanos. El misterio no se desvela, continuará planeando sobre nuestras noches de insomnio, con más datos, pero también con más interrogantes. No sabemos qué nos hace humanos. Y es que, a lo mejor, nuestra condición sea la de poder pensarnos un poco, pero no del todo.


"Sortida de la Lluna" de Caspar David Friedrich

miércoles, 25 de abril de 2012

Cómo el cerebro nos hace sentir ubicados en nuestro cuerpo



Los voluntarios de un estudio del Instituto Karolinska llegaron a 'transportarse' a una Barbie

 - EL PAÍS Barcelona 6 FEB 2012 


¿Qué pensaría usted si alguien le dijese que puede sacarle de su propio cuerpo y trasladarle al de una muñeca Barbie? Desde luego no se lo tomaría en serio, y creería que se trata de algún truco o juego de magia. Pues ya puede empezar a pensar de otro modo porque, por increíble que le parezca, eso es lo que son capaces de conseguir un grupo de neurocientíficos del instituto Karolinska de Estocolmo. Sin drogas ni manipulaciones perjudiciales para el organismo, han demostrado que cualquiera de nosotros puede sentirse ubicado en un cuerpo, natural o artificial, diferente al suyo propio.
El asunto es más alucinante porque la percepción que tenemos de estar ubicados en nuestro propio cuerpo es tan poderosa que rara vez nos planteamos cómo es eso posible. Esa percepción es extraordinariamente coherente en relación con el mundo en el que vivimos. Cuando nos desplazamos de un lugar a otro nuestra mente viaja con nuestro cuerpo, encerrada en él, como su prisionera permanente, eterna. Los movimientos y disposiciones de nuestro cuerpo y sus partes sintonizan bien entre ellas y en relación con los objetos del mundo. Alargamos el brazo y la mano que sentimos como propios para coger una fruta del frutero o los retiramos convenientemente de un lugar donde pudieran sufrir algún daño. No concebimos como natural el que nuestra mente pudiera sentirse en un sitio diferente al de nuestro cuerpo, es decir fuera de él. Pero lo cierto es que la percepción que tenemos de nosotros mismos y nuestro cuerpo la crea el cerebro y eso debe de hacerlo de algún modo por el que los científicos se han preguntado.
En el Instituto Karolinska, Henrik Ehrsson y otros investigadores lo han descubierto. Cuidadosos e inteligentes experimentos con personas y objetos como maniquíes y muñecos han puesto de manifiesto que el cerebro crea la percepción de ubicación en nuestro cuerpo y sus límites combinando los diferentes estímulos sensoriales que recibimos, particularmente los visuales y somáticos, y estableciendo una relación sincrónica y coherente entre ellos. Modificando artificialmente esos estímulos en el laboratorio los científicos han demostrado que cualquier persona puede trocar la ilusión de pertenecer a su propio cuerpo por la de estar ubicado en otro diferente, sea natural o artificial.
Cualquier persona puede tener la ilusión de estar fuera de sí misma
Su dispositivo consiste en unos visores que permiten que el sujeto experimental visualice imágenes distantes de él mismo tomadas con cámaras de video. El experimentador, durante unos 4 minutos, va tocando el pecho del sujeto con un pequeño bastón de plástico y simultáneamente con otro bastón hace el simulacro de tocar el pecho virtual que el sujeto está viendo a través de los visores.
En esas circunstancias la mente cambia y el sujeto se percibe a sí  mismo en la distancia, más allá de donde realmente está su cuerpo, es decir, se percibe tal como lo capta en ese momento la cámara de video situada tras él. Vive sin vivir en él, podríamos decir, parafraseando a santa Teresa.
Pero la experiencia es aún más impresionante, pues cuando el experimentador hace el simulacro de golpear con un martillo el cuerpo virtual, el sujeto siente el mismo miedo que cuando la amenaza se cierne sobre su cuerpo real.
Recientemente, Ehrsson ha ido más lejos al conseguir mediante procedimientos similares que la mente del sujeto experimental se sienta trasladada al cuerpo de otra persona, al de una pequeña muñeca Barbie, o al de un maniquí gigante. La ilusión se parece tanto a la realidad que cuando los participantes en el experimento sintieron el pequeño cuerpo de la muñeca como el suyo propio percibían los objetos circundantes como más grandes y lejanos, es decir, sentían como gigantes los dedos o el lápiz que tocaba las piernas de la muñeca, en esa situación percibidas como las suyas propias.
El trabajo puede ayudar a los amputados a manejar sus prótesis
Algunos participantes ni siquiera se dieron cuenta del extremadamente pequeño tamaño del cuerpo de la muñeca y lo único que al parecer sintieron fue estar localizados en un mundo de gigantes. Eso significa que el tamaño que percibimos de nuestro propio cuerpo nos sirve de referencia métrica para evaluar el tamaño y las distancias de nuestro entorno, y explica también la común experiencia de sentir como más pequeños de lo que recordamos los lugares y objetos de nuestra infancia cuando los volvemos a visitar de mayores, es decir, con un cuerpo de mayor tamaño.
Aparte de su interés científico, estos experimentos pueden permitir el desarrollo de técnicas para facilitar la asimilación de prótesis en personas que hayan sufrido amputaciones, o para conocer la perspectiva del mundo desde agentes virtuales o reales. De ese modo, un cirujano puede mejorar su rendimiento sintiendo la ilusión de estar ubicado en un microrobot que practica la cirugía en el cuerpo de un paciente, un policía desactivaría más fácilmente una bomba sintiéndose ubicado en el robot que lo hace, y un ingeniero haría lo propio sintiéndose ubicado en el robot que trata de hacer las reparaciones necesarias en zonas radiactivas o peligrosas tras accidentes nucleares o desastres ecológicos. Tales ilusiones perceptivas podrían ayudar a mejorar el control y la eficacia de dichos trabajos, superando en ello a los controladores remotos clásicos.
La ciencia del cerebro no deja pues de sorprendernos.
Ignacio Morgado Bernal es catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona.

lunes, 14 de marzo de 2011

"Nuestro cerebro aún no se entiende a sí mismo"

FUENTE: LA VANGUARDIA 12/03/2011 
Foto: Gemma Miralda

Saber los límites

Hace frío y huele a formol. La mano del doctor Morgado sostiene ante mis ojos una inquietante masa gris. Es un cerebro humano donado a la ciencia: ¿¿Cómo ¿se pregunta hamletiano Morgado¿ este mero trozo de carne puede convertirse en pensamiento?¿. Y resuena en la cámara su respuesta sabia e inesperada: ¿Llevo toda una vida dedicado a responder esta pregunta y no es que no tenga respuesta... Es que no tengo ni una hipótesis¿. Después ¿más sabio aún¿ concluye que el secreto del bienestar es conocer y aceptar tus límites, aunque aspires con realismo a superarlos: ¿Y me temo que, por ahora, la neurociencia tampoco ha logrado curar ninguna de las grandes enfermedades mentales¿.
Llevo toda una vida pensando el cerebro...

¿Y...?
Ha llegado la hora de reconocer lo que no podemos explicar.

Un ejercicio muy sano.
El único posible ante el gran problema: ¿cómo esa masa de carne que es nuestro cerebro se convierte en pensamiento?...

¿Y no tenemos alguna teoría?
Ni siquiera hipótesis.

¿Ninguna, aunque sea peregrina?
Ninguna seria. En cambio, si usted me preguntara: ¿hay vida en otros planetas? Podría aventurar hipótesis: que los marcianos son verdes o amarillos... Pero sobre cómo lo objetivo se convierte en subjetivo, ni eso.

Conclusión...
Pues que ante el enigma del cerebro y la subjetividad somos como un mico que tratara de resolver ecuaciones.

Hay monos muy listos.
Pero ninguno sabe resolver una raíz cuadrada, y ¿sabe por qué?

¿...?
Porque no le hace falta para adaptarse a su medio. ¿Un mono es inteligente?

¿...?
¿Inteligente para qué? Lo es para vivir en la selva, pero no para las ecuaciones. Al hombre le pasa igual: no necesita entender el cambio de la materia al pensamiento para adaptarse al medio y, por eso, no hemos evolucionado hasta comprenderlo.

¿Y no lo comprenderemos nunca?
Sólo si lo necesitáramos para adaptarnos. Porque eso es nuestro cerebro: un eficiente órgano de adaptación al medio. Si nuestro medio no estuviera en perpetuo cambio, no tendríamos cerebro: bastaría un mero sistema automático de respuestas inconscientes.

Vivir es un problema sólo si lo piensas.
La teoría de la evolución ilumina toda la neurociencia y explica los porqués, pero no es tan buena para revelar los cómos.

Y de paso se lleva a Dios por delante.
Deploro la arrogancia de los científicos que ridiculizan la fe ajena sin ofrecer al creyente otra alternativa para esa parte de su vida. Si Dios existe para tantos es porque les ayuda a adaptarse a una existencia dura.

Dios es una emoción muy útil.
Y las emociones son como atajos en la cadena de razonamiento. Usted apenas ve las rayas de un tigre y ya está corriendo sin haber llegado a razonar “rayas, luego tigre, luego peligro, luego corro...”. Así salvamos la vida.

O nos pegamos un susto tonto.
Las emociones forman parte de la respuesta cerebral a los desafíos del medio. El secreto del equilibro no es reprimirlas, sino aprender a gestionarlas utilizando la razón.

Por ejemplo.
Ser un celoso es evitable; sentir celos, no.

Es más fácil decirlo que conseguirlo.
Si comprendemos la utilidad de nuestras emociones y su sentido bioevolutivo profundo, nos será más fácil controlarlas.

¿Por qué sentimos celos?
Quizá para evitar invertir recursos en la cría de un descendiente que no lleve nuestros propios genes. Los celos de las señoras, en cambio, intentan evitar que el macho los invierta en otras hembras y sus progenies.

Palabra de Darwin.
Podríamos describir así con facilidad la utilidad evolutiva de cada una de nuestras emociones: amor, odio, envidia, miedo, admiración, y las conductas que procuran: fidelidad, obediencia, temor...

¿No existe ninguna emoción inútil?
La emoción misma suele ser útil, pero existen reacciones inútiles y nocivas a esas emociones. El arsenal bioquímico que las emociones desencadenan en nuestro cuerpo sirve a nuestra adaptación, pero sólo si aprendemos a modularlo. Las emociones útiles en las cavernas debemos aprender a canalizarlas en una cena de gala.

¿Todos sentimos igual?
No, nacemos con reactividad emocional diferente y aprendemos o no a controlar y expresar nuestras respuestas emocionales.

Inteligencia emocional, supongo
Y el desajuste emocional acaba siendo una falta de adaptación al medio.

¿Cómo?
Cuando usted ambiciona más de lo que puede conseguir, genera estrés. Por eso, el secreto de la tranquilidad es ser consciente de tus límites y aprender a modular en consonancia tus emociones.

No enamorarse de Scarlett Johansson.
Enamorarse, ¿por qué no? Eso es perfectamente posible, otra cosa es pretenderla. Si es demasiado ambicioso o soberbio o las dos cosas, sus emociones le empujarán más allá de lo que puede ofrecerle la realidad.

¿Eso es estrés?
Y el origen de todas las frustraciones.

¿Estas ratas suyas le enseñan cosas?
Cada día. Somos pioneros en estimulación eléctrica intracraneal. Mediante pequeñas descargas eléctricas mejoramos su capacidad de aprendizaje y memoria.

¿Cómo?
Según sus reacciones, las clasificamos en mejores y peores para aprender. Con el estímulo adecuado las ratas menos hábiles o incluso las más viejas y enfermas... ¡hasta llegan a superar a las más jóvenes y capaces! Demostramos así que la estimulación puede vencer a la vejez y la enfermedad.

¿Nos sirve a los humanos?
Estos resultados servirán para fundar experimentos similares hasta lograr aplicar estímulos farmacológicos a la memoria y aprendizaje en personas.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Què és la intel.ligència?


cerebro-con-corazonFormalment, la intel.ligència és la capacitat de relacionar els coneixements de que disposem per determinar una determinada situació. Una afirmació amplia i que s’ajusta a multiples utilitats.
Busquem en l’origen del terme llatí; INTELIGERE, composada de INTUS (entre) LEGERE (ESCOLLIR). Per tant podem deduïr que ser intel.ligent és saber escollir la millor opció entre les disponibles per resoldre un problema.

A partir d’aquí… podriem pensar que tots som intel.ligenst en major o menor mesura… però no… no tots som intel.ligents en mesures similars… Què és la intel.ligència ? Com és mesura ?
De tot plegat en volem parlar en els propers minuts del Maneres de viure, en el temps de les preguntes desconcertants amb Ignacio Morgado, catedràtic de Psicobiologia de Neurociencia de la Universitat Autònoma de Barcelona. Autor entre d’altres del llibre EMOCIONS I INTEL.LIGÈNCIA SOCIAL.

lunes, 12 de julio de 2010

Educació, cervell i aprenentatge segons Nolasc Acarin i Ignacio Morgado

Font:  http://www.edu21.cat/ca/activitats/tribunes/35

Consideracions per aquells que es dediquen a la tasca educativa:


* Per tal d’optimitzar la capacitat d’aprenentatge del nostre cervell cal evitar elements de toxicitat, s’ha de procurar dormir el suficient perquè en la fase REM del son es puguin consolidar els aprenentatges adquirits i fer la “neteja” dels improductius.
* Practicar la memòria rutinària també és quelcom necessari per fomentar la capacitat d’emmagatzematge cerebral.
* L’aprenentatge ha de vincular-se a l’activitat de resposta de l’estudiant; no pot basar-se en escenaris purament passius. El cervell aprèn actuant, provant, responent.
* L’esforç, la constància i la insistència resulten fonamentals per consolidar els aprenentatges. També resulten necessaris per poder mantenir una certa pressió i durant un determinat temps perquè puguin assentar-se solidificar-se els aprenentatges. La dinàmica per aprendre hauria d’actuar com una espècie d’addicció per l’aprenent; com una necessitat creada i sentida.
* La millor manera d’aprendre és ensenyar. Quan hom s’ha de plantejar transmetre a un altre un coneixement, el procés cerebral de preparació i de transmissió d’aquest coneixement l’obliga a aprendre’l de forma molt més comprensiva, personalitzada i aprofundida.
* No podem diferenciar el cervell racional de l’emocional. Cap decisió es pot prendre negant algun dels dos components. Per això els aprenentatges més rellevants són els que es vinculen als processos emotius. Si no hi ha emoció no hi ha capacitat de memòria comprensiva, significativa. Emoció i aprenentatge es troben intrínsecament relacionats. Per això qualsevol proposta d’aprenentatge ha de contemplar un adequat abordatge des de l’educació emocional.
* La plasticitat del cervell humà no tanca les portes mai a seguir aprenent i a millorar les nostres capacitats cerebrals. No hi ha, doncs, alumnes que no puguin aprendre més i millor del que ara ho fan. Per això la responsabilitat de l’educació és enorme en l’oferiment d’oportunitats d’aprenentatge a tots els nois i noies amb independència de les seves aptituds, nivells de maduració i la resta de diversitats pròpies del col·lectiu humà.


Materials


Intervencions dels ponents en audio ***
Educació, cervell i aprenentatge (resum tribuna)
Nota de premsa de la tribuna
"Per estudiar i aprendre, una mica d'estrès és bo"