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domingo, 16 de diciembre de 2012

¿Cuál es la diferencia entre trabajar la memoria y lidiar con toda la inteligencia?


Autor: Redes 11 diciembre 2012
 
http://www.redesparalaciencia.com/7978/que-quieres-saber/cual-es-la-diferencia-entre-trabajar-la-memoria-y-lidiar-con-toda-la-inteligencia#comments
 
imagen de un test de inteligenciaAl contrario de lo que se pensaba hasta hace poco, ahora sabemos que la inteligencia se puede mejorar con la práctica. Las últimas investigaciones han revelado que ejercitando nuestro potencial de memoria y nuestra capacidad de concentración estaremos entrenando también la inteligencia.


La respuesta es, por lo tanto, que si somos capaces de encontrar la motivación para aprender cosas nuevas, no solo estaremos trabajando ciertos aspectos de nuestro cerebro, sino que nos convertiremos en personas más inteligentes.

Los neurocientíficos llevan mucho tiempo tratando de averiguar cómo funciona la memoria y cómo es posible que los humanos podamos almacenar en nuestros cerebros los recuerdos de toda una vida. Si el cerebro es un órgano flexible que está en continua remodelación, ¿cómo es posible que nuestros recuerdos permanezcan y que a menudo podamos volver a ellos casi instantáneamente?

Hasta hace algunos años se creía que la memoria episódica (la relacionada con los sucesos que nos ocurren) se almacenaba exclusivamente en el hipocampo. Sin embargo, ahora se sabe que para almacenar los recuerdos durante tiempo intervienen otras muchas áreas del cerebro y que la evocación de un suceso concreto desencadena una cascada neuronal dispersa por todo el cerebro, ya que lleva asociadas imágenes, sonidos y emociones, cada una localizada en sitios diferentes.

Las últimas investigaciones sugieren que la memoria no es estática sino que los recuerdos se pueden fortalecer, debilitar o incluso alterar cada vez que los rememoramos, explicando así que la memoria sea tan flexible y moldeable como el resto del cerebro. Las nuevas experiencias hacen que se actualicen nuestros viejos recuerdos, funcionando como una Wikipedia, más que como una vieja enciclopedia.

Por otra parte, existen dos tipos de inteligencia, la «cristalizada», que se refiere a la utilización de las habilidades intelectuales existentes y conocimientos aprendidos, y la inteligencia «fluida», que se refiere a la capacidad de adquirir nuevos conceptos y de relacionarlos entre sí para adaptarse a las nuevas situaciones; es decir, la capacidad para resolver problemas.

Ya se sabía que con el entrenamiento adecuado se puede mejorar la inteligencia cristalizada ya que la práctica mejora el rendimiento de casi cualquier tarea que los humanos podamos entablar, tanto si es aprender a leer como a andar en bicicleta. Pero los últimos descubrimientos han puesto de manifiesto que también la inteligencia fluida, hasta hace poco considerada inmune al entrenamiento, puede ser mejorada a través de la práctica de la memoria a corto plazo o memoria de trabajo. La memoria de trabajo es la encargada del recuerdo inmediato y repetición de palabras, números y melodías, y de la información espacial. Pero también es la responsable de nuestra capacidad para manipular la información que almacenamos y para conectar unos datos con otros.

Pues bien, si entrenamos la memoria de trabajo y la capacidad de concentración, la mejora en las habilidades cognitivas será notable y esto ayudará a incrementar la capacidad para llevar a cabo tareas mas complejas y resolver problemas, es decir, se desarrollará la inteligencia fluida.
Todos estos datos reveladores indican que nuestro cerebro es mucho más moldeable de lo que creíamos, que todo en él está conectado y que la curiosidad y las ganas de aprender cosas nuevas en la vida, no sólo aumentarán nuestra creatividad y nuestra capacidad de memoria sino que nos harán más inteligentes.

martes, 31 de julio de 2012

Encuentran la ubicación de la autoconciencia en el cerebro

Font:  http://www.tendencias21.net/Encuentran-la-ubicacion-de-la-autoconciencia-en-el-cerebro_a12665.html

Un estudio realizado con soñadores lúcidos aclara la base neurológica de los estados conscientes


Una investigación realizada por científicos alemanes con soñadores lúcidos (individuos capaces de darse cuenta de que están soñando e incluso de controlar sus propios sueños) ha revelado que una red cortical específica del cerebro se activa cuando se alcanza la conciencia lúcida. Dado que las regiones de dicha red están todas relacionadas con funciones autorreflexivas, los autores del estudio afirman que éste arroja luz sobre la base neurológica de la conciencia humana. Por Yaiza Martínez.



Regiones del cerebro que permanecen más activas durante un sueño lúcido que durante un sueño normal. Imagen: © MPI of Psychiatry.
Regiones del cerebro que permanecen más activas durante un sueño lúcido que durante un sueño normal. Imagen: © MPI of Psychiatry. 
Durante la vigilia, somos siempre conscientes de nosotros mismos, algo que no sucede durante el sueño. Sin embargo, hay individuos que son “soñadores lúcidos”, lo que significa que tienen la capacidad de darse cuenta, dentro del propio sueño, de que están soñando.

Un estudio realizado con la técnica de tomografía de resonancia magnética o MRT (técnica no invasiva que utiliza el fenómeno de la resonancia magnética para obtener información sobre la estructura y composición del cerebro) y con individuos de este tipo ha revelado que una red cortical específica se activa cuando se alcanza la conciencia lúcida.

Dicha red estaría constituida por la corteza prefrontal dorsolateral derecha, las regiones frontopolares y el precúneo, que es una parte del lóbulo parietal superior del cerebro.

Dado que todas estas regiones cerebrales están relacionadas con funciones autorreflexivas, los autores de la investigación afirman que esta arroja luz sobre la base neurológica de la conciencia humana.

Cómo resolver un misterio

La capacidad humana de autopercepción y autorreflexión, así como el desarrollo de la conciencia, constituyen misterios aún no resueltos para la neurociencia.

A pesar de las modernas técnicas de registro de imágenes cerebrales, sigue siendo imposible visualizar por completo lo que sucede en el cerebro cuando pasamos de un estado inconsciente a un estado consciente.

El problema radica en la complejidad de esta transición. Aunque el proceso de paso del sueño a la vigilia es siempre el mismo, durante el sueño profundo, la actividad cerebral se reduce en gran medida.

Y, cuando nos despertamos, se dan tantos cambios globales en la actividad cerebral, subyacentes a la recuperación de la autopercepción y de la conciencia, que resulta imposible registrarlos o distinguirlos claramente.

Para superar este escollo, un equipo de investigadores Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia (MPG) de Alemania, en colaboración con especialistas del hospital universitario Charité, de Berlín, analizó a personas capaces de saber que están soñando mientras sueñan, así como de controlar de manera deliberada sus sueños.

Estos “soñadores lúcidos” tienen acceso a sus recuerdos durante los sueños, pueden realizar acciones dentro de sus sueños a voluntad, y son conscientes de sí mismos mientras sueñan, siempre en el mismo estado durmiente y sin llegar a despertarse.

La utilización del adjetivo "lúcido" para los sueños fue introducido en 1867 por el escritor, sinólogo y especialista en sueños francés Léon d'Hervey de Saint-Denys, en su obra “Los sueños y cómo controlarlos”. La mayoría de los sueños lúcidos suceden en la etapa de sueño paradójico o fase REM, y se dan espontáneamente o a voluntad, gracias al aprendizaje.

Conclusiones alcanzadas

Tal y como explica Martin Dresler, uno de los autores de la investigación en un comunicado del Instituto Max Planck: “En un sueño normal, tenemos una conciencia muy básica, experimentamos percepciones y emociones, pero no somos conscientes de que estamos soñando. Solo en los sueños lúcidos los soñadores alcanzan una metaconciencia de su propio estado”.

Comparando la actividad cerebral durante uno de estos periodos de sueño lúcido con la actividad cerebral inmediatamente anterior a un sueño normal, los científicos consiguieron identificar la actividad cerebral característica de la conciencia lúcida.

“La actividad general básica del cerebro durante un sueño lúcido es similar a la actividad neuronal durante un sueño normal”, explica Michael Czish, director del grupo de investigación del Instituto Max Planck de psiquiatría.

“Sin embargo, durante el estado lúcido, la actividad en ciertas áreas de la corteza del cerebro se incrementa notablemente en segundos. Las regiones del cortex cerebral implicadas en este caso son la corteza prefrontal dorsolateral, a la que se le atribuye generalmente la función de autoevaluación, y las regiones frontopolares, que son responsables de evaluar nuestros propios pensamientos y sentimientos. El precuneus también está especialmente activo durante este proceso. Esta área del cerebro ha sido vinculada con la autopercepción”, añade Czish.

Estos hallazgos confirman los realizados en estudios previos, y han hecho visibles por vez primera las redes neuronales de un estado mental consciente.

Medir el contenido de los sueños

La presente investigación no es la primera que realizan Dresler, Czish y sus colaboradores con soñadores lúcidos.

En un estudio anterior, también llevado a cabo con individuos con esta capacidad, los científicos consiguieron registrar la actividad cerebral durante el sueño, y relacionarla por vez primera con contenidos oníricos específicos.

jueves, 26 de julio de 2012

"El compromiso es un elemento clave de la felicidad"


Elaine Fox, neurocientífica


LA VANGUARDIA 20/07/2012 
 
Foto: Kim Manresa
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Profesora e investigadora de Essex y de Oxford, Fox empezó investigando el pesimismo y sus socias -la ansiedad y la depresión-, pero con el tiempo se pasó al estudio del optimismo y la felicidad, que, como son contagiosos, la tienen mucho más contenta. En Una mente feliz (Temas de Hoy), consciente de que nuestra forma de ver el mundo y de interactuar con él modifica el modo en que este nos responde, hace un recorrido por la ciencia más avanzada para dilucidar por qué cada individuo está influido por el predominio de unos circuitos cerebrales optimistas o pesimistas. La buena noticia es que esos circuitos son los más plásticos del cerebro humano: podemos cambiar.

A las personas que sufren trastornos de ansiedad les atrae más la información negativa que la positiva. El problema es que esto ocurre de forma inconsciente.

A perro flaco, todo son pulgas.
Y la gente optimista sintoniza más con la información optimista, tiende a mantener más vínculo con las cosas que inducen placer y evita lo negativo.

¿Y cómo lo sabe?
Medimos la actividad eléctrica del cerebro mientras se contemplan imágenes positivas y negativas. Sabemos que la mentalidad optimista y la pesimista siguen dos patrones eléctricos distintos. Y la depresión es la forma extrema del pesimismo.

¿Qué caracteriza el optimismo?
Una de las claves es el sentimiento de control de la propia vida. En EE.UU. se llevó a cabo un estudio muy interesante en una residencia de ancianos que lo demuestra.

Cuénteme.
A cada anciano le dieron una planta y la posibilidad de ver una película a la semana, pero a unos les dejaban decidir sobre los cuidados de la planta y el día y la hora para ver la película. A otros les imponían la manera de cuidar la planta y cuándo ver la película.

¿Y?
En tres años de seguimiento se observó que los niveles de bienestar y salud eran mucho más altos en los que tenían el control.

Parece bastante lógico.
Los múltiples experimentos que se han hecho sobre el tema del control nos demuestran que los optimistas tienen la sensación de controlar su vida.

Lo cual a menudo es una ilusión.
Sí, pero los mantiene más saludables. Otra clave del optimismo es que se refiere mucho más a la acción que al pensamiento. Los beneficios del optimismo provienen de las acciones, de lo que se hace.

El optimista es más perseverante.
Sí. Tanto en el mundo real como en condiciones de laboratorio encontramos lo mismo: ante un problema, los optimistas tardan el doble de tiempo en tirar la toalla que los pesimistas. Y los estudios también demuestran que las personas optimistas logran más éxito en la vida y en los negocios.

Hay que implicarse en la vida.
Sí, porque la gente que está muy implicada en lo que hace es más feliz. La felicidad no depende del dinero que se gana, sino de estar contento con lo que se hace, estar comprometido. Ese es uno de los elementos clave de la felicidad.

Apreciar lo que se tiene.
Según mis investigaciones, a los optimistas las cosas sencillas, como ir al cine con los amigos, les hacen sentir bien. Le sorprenderá saber que la felicidad es medible.

¿Y cómo se mide?
Averiguando la ratio entre los hechos positivos y negativos. Para que un matrimonio sea muy feliz debe haber cinco episodios positivos frente a uno negativo.

¿En qué lapso de tiempo?
A diario: si te peleas en el desayuno pero durante el día suceden cinco cosas pequeñas pero positivas (una risa, una broma, un abrazo), tu matrimonio es muy feliz.

Igual es mucho pedir.
En general, tres actos positivos frente a uno negativo se considera una vida feliz. El empate roza la depresión.

¿La actitud positiva se hereda?
Todos heredamos una versión larga o corta del gen que transporta la serotonina. Nuestras investigaciones más recientes demuestran que con la versión corta, el riesgo de desarrollar depresión es mucho más alto.

¿Cómo se llama ese gen?
Gen de la vulnerabilidad. Pero si la persona con la versión corta vive en un entorno muy bueno que la apoya, florece; así que sería más correcto llamarlo gen de la plasticidad.

Por su adaptabilidad.
Exacto. Las personas sintonizan más con su entorno emocional cuando tienen la versión corta. Las que tienen la versión larga son personas más resistente cuando las cosas son difíciles, pero no se benefician tanto de un buen entorno.

¿Y cuál abunda más?
La versión corta representa un 25%. Ahora sabemos que hay entornos que pueden hacer que se activen unos genes y que se desactiven otros.

¿Podemos rediseñar nuestro cerebro?
Hasta cierto punto, sí. En mis investigaciones entreno a pesimistas para que dejen de serlo. Utilizaré como ejemplo la adicción al tabaco: de forma subliminal, el fumador asocia el tabaco con las áreas de recompensa. Mediante imágenes, conseguimos resintonizar imágenes y asociaciones.

¿Qué podemos hacer para ser un poco más optimistas?
Escribir un diario de la positividad en el que explicaremos todo lo bueno que nos ocurre. La memoria de las personas es muy sesgada: un pesimista recuerda más lo negativo que lo positivo, de modo que si escribe las cosas buenas, descubre que sus días son mucho más benévolos de lo que pensaba. Y está demostrado que diez minutos de meditación al día son muy poderosos.

Se asocia optimismo a ingenuidad.
Las raíces del pesimismo están en el sistema del miedo, y las raíces del optimismo, en el del placer. Debemos mantener un equilibrio entre ambos; se trata de llegar a un optimismo realista. Pensar: "Hay cosas que pueden salir mal, pero yo podré superarlas".


domingo, 15 de julio de 2012

"Las caras del cerebro". Novetats bibliogràfiques

Nuevos libros analizan la actividad neuronal y las funciones de la inteligencia y la memoria

   EL PAÍS  14 JUL 2012

Antes que nada somos nuestro cerebro y la mente que él crea. Sólo lo que ellos son capaces de percibir o conocer no nos es ajeno. Por esa razón, si fuera posible trasplantar el cerebro de un cuerpo a otro, lo que en realidad estaríamos haciendo no sería un trasplante de cerebro, sino un trasplante de cuerpo. Un análisis científico y riguroso de la naturaleza humana debe entonces empezar por evitar el lenguaje dualista, el que considera que la persona o su mente son algo independiente de su cerebro”. La anterior cita procede del libro del catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona Ignacio Morgado Cómo percibimos el mundo, y da idea del espíritu que mayoritariamente dirige los esfuerzos por comprender qué es y cómo actúa nuestro órgano más querido, el cerebro.

Podemos continuar viviendo sin más, que el corazón continúe latiendo y seamos capaces de respirar, pero para tener conciencia de nosotros mismos y relacionarnos con otros y con el mundo exterior necesitamos un cerebro que funcione más o menos correctamente. De ahí no que sea nuestro órgano más querido, sino que sin él, en realidad, no somos nada, o mejor, nada más que materia, aunque sea materia organizada. Desde esta perspectiva, no es sorprendente que los científicos que se dedican a estudiar el cerebro, los neurocientíficos, se estén planteando cuestiones que van más allá de las que en un tiempo no lejano dominaban su profesión, cuestiones de las que da buena idea el libro de Douwe Draaisma Dr. Alzheimer, supongo, en el que presenta las aportaciones de 11 científicos que se distinguieron en la investigación de los trastornos de la mente. Si antes lo fundamental era centrarse en el estudio de las conexiones entre el enorme número de neuronas que forman el cerebro, así como en identificar las regiones de éste asociadas a características definidas (habla, sociabilidad, capacidad musical, emociones, razonamiento lógico, procesamiento de información visual, habilidad matemática, etcétera), ahora cada vez son más tratadas cuestiones como la de entender qué es la felicidad en base neurológica, que Francisco Mora, catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense, aborda en ¿Está nuestro cerebro diseñado para la felicidad? Entre los atractivos de pretender entender la felicidad desde las neurociencias está el que conduce a preguntas como las que se hace el profesor Mora: “¿Pueden los animales sentir felicidad? ¿Es lo mismo la felicidad en el niño que la felicidad en el anciano?”.

El cerebro es un pozo oscuro que esconde innumerables sorpresas. El libro de Ignacio Morgado repasa algunas, las más obvias y, en consecuencia, también las que nos son más cercanas. Menos evidente, o, si se prefiere, más original es lo que, con la colaboración de la escritora y periodista Sandra Blakeslee, hacen en Los engaños de la mente Stephen Macknik y Susana Martínez Conde, dos miembros del Instituto Neurológico Barrow de Phoenix que además pertenecen a varias organizaciones de magos: explicar los trucos de magia que tanto nos asombran recurriendo a las neurociencias. Es este el primer libro que se ha escrito sobre la neurociencia de la magia, y al leerlo me hice la pregunta: ¿cómo es que no se pensó antes que la magia constituye un magnífico banco de pruebas para estudiar cómo percibe nuestro cerebro? Probablemente, por la renuencia de los investigadores a salir de sus laboratorios, a abandonar las tradiciones, los problemas canónicos que han configurado sus disciplinas desde tiempo atrás. Sucede, no obstante, que aunque por su constitución biológico-molecular el cerebro deba ser estudiado de entrada de forma parecida a como se investigan otros fenómenos naturales, sus productos (pensamientos, emociones) interaccionan con lo que hay fuera de él, dando lugar a intensas retroalimentaciones, de manera que, a la postre, no es posible entender el cerebro y sus funciones únicamente “desde dentro”. Detrás de este hecho, tan evidente como complejo, se halla la dificultad de producir robots u ordenadores inteligentes, autómatas mecánicos que se comporten como nosotros, una cuestión esta que, dentro de un contexto más amplio y adoptando el enfoque propio de la complejidad, aborda Ricard Solé en Vidas sintéticas.

Es preciso ser cuidadoso en lo que se refiere a pensar que finalmente todo, incluyendo mundos como los de la economía, la justicia, la ética o la libertad, se reducirá a consecuencias de la actividad neuronal. Este es, precisamente, el asunto del que trata El mito del cerebro creador, del catedrático de Psicología de la Personalidad, Evaluación y Tratamientos Psicológicos de la Universidad de Oviedo Marino Pérez Álvarez, en el que “pretende esclarecer la tendencia cerebrocéntrica que domina no ya la neurociencia, sino las ciencias sociales, las humanidades, la filosofía y la cultura mundana”. Es evidente que obras como la de Pérez Álvarez no pertenecen propiamente al campo de las neurociencias en sentido estricto, lo que, por supuesto, no significa que no sean relevantes en el estudio y la comprensión del cerebro y sus funciones mentales.

Otro libro de este tipo es el de Rafael Huertas, profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Su Historia cultural de la psiquiatría propone entender la locura, un funcionamiento anómalo del cerebro, otorgando un papel destacado a la historia, entendida como un punto de encuentro entre filosofía, sociología, cultura y psicología. En más de un sentido esto es también lo que sucede con La inteligencia ejecutiva, una nueva entrega del ambicioso proyecto en el que lleva empeñado —con gran éxito— el filósofo y educador José Antonio Marina. “Durante siglos”, escribe, “se pensó que la función principal de la inteligencia era conocer. Fue la época dorada de la INTELIGENCIA COGNITIVA. Después se reconoció la importancia de la INTELIGENCIA EMOCIONAL (…). Muchos síntomas parecen anunciar que estamos en el comienzo de una nueva etapa, que aprovecha todo lo anterior situándolo en un marco teórico más amplio y potente. Desde múltiples campos de investigación emerge la idea de la INTELIGENCIA EJECUTIVA, que organiza todas las demás y tiene como gran objetivo DIRIGIR BIEN LA ACCIÓN (mental o física), aprovechando nuestros conocimientos y nuestras emociones”. Y a desarrollar esta idea dedica, con su habitual estilo, claridad y poder de convicción, su nuevo libro. Aunque menos ambiciosa, que no menos interesante, que la de Marina, otra obra que busca cumplir funciones “prácticas” al igual que de comprensión es el ensayo de Joshua Foer Los desafíos de la memoria. Somos perfectamente conscientes, ay, de que olvidamos muchas cosas, con los problemas que esto conlleva. ¿Por qué olvidamos? ¿Es posible combatir el olvido? Ayudándose de entrevistas a personas de distinto tipo, como neurocientíficos, jugadores de ajedrez o amnésicos, Foer explica no sólo por qué olvidamos, por qué olvida nuestro cerebro, sino también cómo se puede mejorar nuestra capacidad de recordar. Un detalle significativo del libro de Foer es que en él únicamente se menciona en dos ocasiones a Sigmund Freud, el iniciador de la indagación del olvido consciente. En la primera de esas citas se señala que Freud fue el primero en reparar en que los recuerdos más antiguos a menudo se recuerdan como si los hubiera captado una tercera persona, mientras que en la segunda, y a propósito de las fantasías sexuales de la infancia, Foer afirma, de manera escueta, que no está seguro de “que haya demasiados psicólogos que sigan respaldando esa interpretación”. No se equivoca con esta manifestación: las ideas de Freud ya no ejercen la influencia que tuvieron en otras épocas, y eso a pesar de que fue el principal responsable de convertir en un problema científico el hecho de que una buena parte de la información sensorial procesada no llegue nunca a hacerse consciente, aunque el cerebro pueda utilizarla de modo inconsciente para guiar comportamientos y hábitos motores y reflejos. Aunque para algunos —que crecimos leyendo, fascinados, los libros del maestro de Viena— sea doloroso, es justo reconocer esa pérdida de influencia, porque Freud suplió lo que en su tiempo, y en alguna medida aún ahora, la ciencia del cerebro no podía ofrecerle, con unos modelos teóricos que justifican el que hoy se dude si más que un científico debemos considerarlo un imaginativo y arrebatadoramente convincente escritor, que no dudó en ocasiones en mentir para sostener el edificio que había construido. Revolución en mente, de George Makari, describe, con una intensidad y extensión admirables, la creación del psicoanálisis, considerada como “la historia de un grupo de médicos, filósofos, científicos y escritores que trataron de comprender la cosa más efímera y, sin embargo, enloquecedoramente obvia: la mente”.

Como es bien sabido, en la historia temprana del psicoanálisis intervinieron de manera destacada otros personajes además de Freud. Uno de ellos, de los más notables, fue Carl Gustav Jung, que, sin embargo, terminó abandonando el enfoque freudiano para fundar su propia psicología dinámica. La Correspondencia entre Freud y Jung que acaba de publicar Trotta, en una rigurosa edición, cubre las epístolas que ambos se intercambiaron entre abril de 1906 y abril de 1914. Independientemente de lo que se piense de las ideas que sostuvieron, de lo que no hay duda es de que fueron dos grandes intelectuales y escritores cuyos razonamientos e intereses, tal y como aparecen en estas cartas, merecen ser conocidos y considerados.

Investigaciones sobre la mente
Cómo percibimos el mundo. Ignacio Morgado. Ariel. Barcelona, 2012. 219 páginas. 17 euros (electrónico: 11,99). Dr. Alzheimer, supongo. Douwe Draaisma. Traducción de Nathalie Schwan. Ariel. Barcelona, 2012. 397 páginas. 22 euros (electrónico: 15,99). ¿Está nuestro cerebro diseñado para la felicidad? Francisco Mora. Alianza Editorial. Madrid, 2012. 211 páginas. 14 euros. Los engaños de la mente. Stephen L. Macknik y Susana Martínez-Conde con Sandra Blakeslee. Traducción de Carlos Lagarriga. Destino. Barcelona, 2012. 395 páginas. 20,50 euros (electrónico: 13,99). Vidas sintéticas. Ricard Solé. Tusquets. Barcelona, 2012. 331 páginas. 20 euros. El mito del cerebro creador. Marino Pérez Álvarez. Alianza Editorial. Madrid, 2011. 240 páginas. 19,60 euros. Historia cultural de la psiquiatría. Rafael Huertas. Los Libros de la Catarata. Madrid, 2012. 224 páginas. 20 euros. La inteligencia ejecutiva. José Antonio Marina. Ariel. Barcelona, 2012. 186 páginas. 16 euros (electrónico: 11,99). Los desafíos de la memoria. Joshua Foer. Traducción de María José Díez Pérez. Seix Barral. Barcelona, 2012. 363 páginas. 19,50 euros (electrónico: 13,99). Revolución en mente. La creación del psicoanálisis. George Makari. Traducción de Daniela Marábito Rojas. Sexto Piso. Madrid, 2012. 832 páginas. 34 euros. Correspondencia Sigmund Freud-Carl Gustav Jung. Edición de William McGuire y Wolfgang Sauerländer. Traducción de Alfredo Guéra Miralles. Trotta. Madrid, 2012. 613 páginas. 30 euros.

sábado, 7 de julio de 2012

BASES NEUROLÒGIQUES DE LA IMITACIÓ I L’EMPATIA

FONT: CCCB


El descobriment de les neurones mirall ha revolucionat la comprensió de com els humans, a través de l’empatia, ens reconeixem en els altres i així podem créixer en un entorn social.

Francisco Rubia, catedràtic de Fisiologia de la Universitat Complutense de Madrid, autor de ¿Qué sabes de tu cerebro? (Temas de Hoy, 2006)

Moderador: Adolf Tobeña, catedràtic de Psiquiatria i Psicologia Mèdica de la Universitat Autònoma de Barcelona


Vegeu el vídeo:

http://vimeo.com/cccb/menthumana-franciscorubia

A la darrera sessió del debat «Als orígens de la ment humana», Kathinka Evers va plantejar que per entendre el sorgiment de conductes i judicis morals en els éssers humans és imprescindible tenir present la importància de les emocions en la configuració de la consciència. Les emocions modelen el nostre cervell i són l’origen de la nostra subjectivitat, és a dir, de la nostra consciència com a individus. En paraules d’Evers, «les emocions ens distingeixen d’una màquina».
Avui, els descobriments neurocientífics han permès saber que la conformació de les nostres emocions és un fet que està determinat per allò que fem, però també per allò que observem en les persones que ens envolten. Una criatura aprèn quan es fa mal, però també aprèn quan veu que una altra persona es fa mal. Som éssers socials i empàtics, creixem i vivim amb altres persones, i aquesta interrelació és la que ens permet desenvolupar-nos com a individus. Sense capacitat d’empatia, és a dir, sense capacitat per entendre i participar de les emocions dels altres, el nostre propi creixement emocional fracassaria.

Francisco Rubia

Francisco Rubia, convidat en aquest cicle de conferències, ens va parlar justament de les bases neurològiques de l’empatia. En la seva conferència va ens presentar un dels descobriments cabdals en la recerca neurocientífica de les darreres dècades: les neurones mirall. A principis dels anys noranta, l’equip del neurocientífic Giacomo Rizzolati va descobrir que hi havia un grup de neurones que s’activaven no sols quan una persona feia una acció, sinó també quan aquesta persona veia una altra fent la mateixa acció. És a dir, que les neurones mirall (o les neurones de l’empatia, com el neurocientífic Vilayanur S. Ramachandran les anomena), reflecteixen en el nostre cervell les activitats dels altres individus.

El que és més interessant és que aquestes neurones, en emmirallar les accions dels altres, són també l’origen que puguem entendre el significat d’aquestes accions. Gràcies a les neurones mirall, comprenem el que fan els altres, des d’un punt de vista motor, però també intel·lectual i emocional. La importància d’aquest descobriment ha estat resumida per Ramachandran d’aquesta manera: «Si la observación de una acción llevada a cabo por otro individuo activa las neuronas que permitirían al observador realizar la misma acción, estaríamos ante una suerte de “lectura de la mente”. Incluso el rasgo que constituye la quintaesencia de lo humano, nuestra propensión a la metáfora, puede estar basada parcialmente en la clase de cruces de dominios de abstracción que median las neuronas espejo.»


"La danse" d'Henri Matisse

Aquesta capacitat, segons la recerca més recent, hauria estat també la que hauria fet possible el sorgiment del llenguatge, que primer es va desenvolupar de manera gestual i després es va convertir en llengua parlada. Així doncs, l’evolució en el nostre cervell de les neurones mirall hauria estat l’element clau que ens hauria permès entendre a les persones del nostre entorn, aprendre de les seves accions, empatitzar amb elles i, finalment, poder-nos-hi comunicar. Estem doncs davant d’allò que ens ha convertit en humans?

jueves, 5 de julio de 2012

La inteligencia ejecutiva de José Antonio Marina***

El millor llegat del passat en armonia amb les últimes aportacions de les neurociències. Simplement magnífic!

FONT: Suplemento Culturas de LA VANGUARDIA 20/06/2012 ESTEBAN HERNÁNDEZ

La capacidad de dirigir el comportamiento se basa en elegir bien las metas, aprovechar la información disponible y regular las emociones | Propone dar prioridad a "la capacidad de soportar el esfuerzo, de aguantar las molestias y de guiarse por recompensas lejanas" | Marina pone de relieve nociones populares en la psicología del pasado, como la voluntad o el carácter, que parecían haber desaparecido de escena


La inteligencia es uno de los ejes del pensamiento de José Antonio Marina (Toledo, 1939), con sus implicaciones en la creatividad artística, la educación y la ética. El pensador apuesta ahora por el concepto de 'inteligencia ejecutiva', aquellas habilidades gracias a las cuales somos capaces de convertir las ideas en realidades. Revisamos éste y otros hilos conductores de su obra 

Obras de José Antonio Marina
  •  Crear en la vanguardia LIBROS DE VANGUARDIA 360 PÁGINAS 9,95 EUROS
  • La inteligencia ejecutiva ARIEL / BIBLIOTECA UP 192 PÁGINAS 16 EUROS
1. Cuenta J.A. Marina el caso de un exalumno, un chico con un elevado coeficiente de inteligencia y exitoso estudiante, que comenzó a creerse por encima de sus maestros. Dotado de notables cualidades, se dejó llevar por la sensación de que ninguna de las personas que le rodeaba podía enseñarle algo. Perdió interés por los estudios y empezó a liderar una banda de chavales a los que animaba a cometer pequeños hurtos. Quince años después, aquel joven está en la cárcel por tráfico de drogas. ¿Podríamos decir que estamos ante una persona inteligente? No lo parece.

Otra historia relatada en La inteligencia ejecutiva, que Marina toma prestada del psicólogo Robert Hare, es la de un niño de trece años que mató a golpes a un compañero porque no le había proporcionado la cantidad de droga que habían pactado a cambio de 250 dólares. Lo llamativo era que el asesino fue definido por su comunidad como un chico normal, cuando hablábamos de alguien que delinquía con frecuencia, fumaba marihuana y había sido expulsado de su colegio por robar. De alguna forma, las características del chico, como la impulsividad, la irresponsabilidad y su falta de remordimientos, no sólo habían dejado de ser rechazadas y combatidas por su entorno, sino que eran contempladas desde la complacencia. Rasgos psicopáticos como los citados no sólo son ya frecuentes, sino que comienzan a ser percibidos, en determinadas áreas de nuestra sociedad, como dignos de imitación.

En ambos ejemplos quedan sintetizados dos de los equívocos más frecuentes con los que la educación suele tropezar. Por un lado, entendíamos que la inteligencia estaba vinculada únicamente a cuestiones como la capacidad deductiva, el conocimiento, la lógica, etcétera, lo que hacía que juzgásemos a alguien como sobresaliente con independencia de su conducta. Así, un profesor de ética podía ser muy brillante, y admirado por tal hecho, aunque sus comportamientos privados distasen mucho de ser correctos. Pero, como demuestra el caso del joven delincuente, ¿de qué nos sirve ser tan listos si no somos capaces de sacar provecho de nuestras habilidades? ¿No tendría la inteligencia mucho más que ver con poder disponer de los mecanismos necesarios para escoger nuestras metas y realizarlas efectivamente? Esta es, sin duda, la perspectiva que prefiere Marina, para quien la inteligencia ejecutiva, el concepto con el que intenta dar un paso adelante en su teoría, no es otra cosa que "la capacidad de dirigir bien el comportamiento, eligiendo las metas, aprovechando la información y regulando las emociones". Aquellas destrezas que unen la idea con su realización, y que sirven para elegir objetivos, elaborar proyectos y organizar la acción para realizarlos (La inteligencia ejecutiva, pag. 21) son las que debemos potenciar, porque de nada sirve disponer de una gran capacidad analítica o de una enorme habilidad relacional si después no podemos llevar a la práctica todo lo planificado. Este giro en la concepción de la inteligencia, señala Marina, está ligado a muchas de las tendencias psicológicas actuales que, impulsadas por la neurociencia, están operando en todos los campos de la psicología, ya sea en su aplicación clínica, ya en la social o en la económica.

2. La inteligencia, asegura Marina, está estructurada en dos niveles. En un primer estrato, el computacional, se hallan las ideas, los sentimientos, deseos, imaginaciones e impulsos; en el segundo, el ejecutivo, encontramos aquellos mecanismos que tratan, con mayor o menor éxito, de controlar, dirigir, corregir, iniciar o apagar todas esas operaciones mentales generadas en el primer nivel. Esa es la pequeña (o gran) batalla que tiene lugar en el interior de cada ser humano, y que resulta en gran medida la principal tarea social, como es el control de la acción. Saber dirigirnos hacia el lugar correcto, saber dominar ese nivel generador llevándolo hacia los cauces correctos no tiene que ver sólo con la fuerza de voluntad individual, sino que depende en gran medida del entorno en el que el ser humano se desenvuelve.

El problema es que las teorías psicológicas y sociológicas contemporáneas, aquellas que se han impuesto socialmente en los últimos años, percibían la educación como algo perteneciente a la esfera privada, como si sólo los padres o los profesores que tratan con los niños pudieran ejercer influencia sobre ellos. Para Marina, que siempre ha defendido que para educar hace falta toda la tribu, tal visión contiene un gran error.

El niño hiperactivo es un buen ejemplo del cambio de paradigma que propugna. Mientras las terapias del pasado trataban de que los pacientes llegaran a una especie de autoconciencia a través de la cual cambiar las percepciones y los comportamientos, la actual entiende, y específicamente en lo que se refiere a los más pequeños, que la mejor manera de modificar actitudes es cambiar el entorno. La tendencia del niño a actuar de modo rápido e irreflexivo se controla principalmente yendo de fuera hacia dentro (pag. 75). Si se quiere que un hiperactivo interiorice las normas, se le debe dar un ambiente estructurado, suministrándole la información necesaria (y no más) ,anticipándole los sucesos, reforzándole positivamente y atrayendo su atención sobre lo esencial. En definitiva, se le debe proveer de un contexto que facilite la concentración, que le conduzca hacia sus objetivos y que le ofrezca unas pautas claras que pueda interiorizar a fuerza de repetirlas. El niño no va a cambiar su comportamiento porque tenga un mayor conocimiento de lo que le ocurre, ni tampoco por temor al castigo, sino porque le hemos facilitado un ambiente cuyas instrucciones entiende, donde hay adultos en los que puede confiar, y que le guían por los caminos adecuados. Así se podrá poner a trabajar eficazmente su working memory, su memoria procedimental, de modo que pueda interiorizar las pautas necesarias. La repetición, el esfuerzo, la práctica y la insistencia, y no el talento, son las que nos harán manejar una determinada materia. La autodisciplina y la repetición son las que nos dan poder (pag. 167).

Y este es un cambio esencial en el proceso educativo, pero también en el social. Encauzar los deseos y los impulsos hacia la finalidad adecuada no es pura cuestión de autodominio, sino que se vuelve cosa de todos. Debemos generar contextos que permitan que las cosas se puedan poner en práctica y eso implica reactivar de nuevos modos la importancia del control social.

3. Para educar correctamente, debemos enfocar los problemas de otra manera, priorizando "la capacidad de soportar el esfuerzo, de aguantar las molestias y de guiarse por recompensas lejanas", virtudes que constituyen la esencia de la ejecutividad (pag. 34). Incluso aquellas personas que cuentan con habilidades como la capacidad de inhibir la respuesta, dirigir la atención, planificar metas, controlarse emocionalmente o ser flexibles en la realización de planes, no consiguen nada si no añaden elementos decisivos de autocontrol y de proyección en el futuro.

Con esta perspectiva, Marina vuelve a poner de relieve nociones enormemente populares en la psicología del pasado, como la voluntad o el carácter, que parecían haber desaparecido de escena. En realidad, subraya el filósofo, aunque ahora se utilizan términos como déficit de atención, hiperactividad, impulsividad, problemas de control de los impulsos, abulia o trastornos del lóbulo frontal, seguimos refiriéndonos a algo tan básico y tan importante como es el control de la acción. Y para conseguir este objetivo, debemos evitar un error habitual en las nuevas tendencias psicológicas. Es verdad, insiste Marina, que ya no se trata de activar aquellas facultades que nos permiten conocer mejor la realidad, pero tampoco debemos caer en la trampa a la que nos lleva el pensamiento positivo, como es reducirlo todo a los estados de ánimo. Esa creencia según la cual cambiando la percepción se cambia la realidad es muy peligrosa por su conservadurismo extremo, afirma Marina. Quizá más conocimiento no nos saque del atolladero, pero su ausencia, esto es, su sustitución por la pura voluntad, como propugna la psicología positiva, tampoco es el camino. De lo que se trata es de estimular la capacidad creativa de nuestra inteligencia. En la vida no hay soluciones bien perfiladas que simplemente están esperando que alguien las descubra, sino problemas que nos obligan a inventar continuamente cómo resolverlos. La tarea de la educación es potenciar esas habilidades, movilizando las fuerzas que nos ayudarán a crear los remedios. Para ello, potenciar lo cognitivo no basta, resultando imprescindible fortalecer la voluntad. En consecuencia, apunta Marina, "ha llegado el momento de elaborar una pedagogía de la atención, del autocontrol y de la perseverancia" (pag. 182), esto es, de forjar el carácter.

Localizan una zona del cerebro que se activa cuando se toman decisiones en un contexto social


La interacción en el cerebro Un estudio publicado en la revista Science demuestra, a través de un experimento con el póquer, que una región del cerebro se activa exclusivamente durante la toma de decisiones en una interacción social.

FONT: http://neurologia.diariomedico.com/2012/07/05/area-cientifica/especialidades/neurologia/localizan-zona-cerebro-activa-toman-decisiones-contexto-social 05/07/2012 El estudio,  realizado por investigadores del Duke Center for Interdisciplinary Decision Science (D-CIDES) en Durham (EE.UU.), analizó a los participantes mientras jugaban al póquer con otras personas o contra una máquina. Se demostró que  una pequeña zona del cerebro donde se encuentran los lóbulos temporal y parietal  (TPJ, por sus siglas en inglés) solo se activaba cuando el oponente era un ser humano.

Las señales emitidas en la zona TPJ indicaban a los investigadores si el jugador tenía intención de echar algún farol a su oponente, especialmente si se creía que éste último era un experto en póquer. Sin embargo, dichas señales no predecían el comportamiento del sujeto cuando éste jugaba contra una máquina. En palabras de McKell Carter, miembro de la Universidad de Duke, los participantes prestaban menos atención a su oponente cuando se trataba de una máquina.

"Existen diferencias neurológicas importantes entre las decisiones tomadas en situaciones sociales y no sociales" explicó Scott Huettel, autor del estudio, director de D-CIDES y profesor de Psicología y neurociencia en la Universidad de Duke. La información de tipo social puede provocar en nuestro cerebro otras reacciones distintas que cuando se toman decisiones en un contexto donde no se interactúa con otros. Estas diferencias neurológicas ayudan a los científicos a entender de qué manera nos decantamos por una u otra resolución. Además entendiendo cómo el cerebro reconoce competidores y colaboradores para un futuro conflicto podemos llegar a comprender comportamientos como la empatía.

Durante todo el experimento, otras zonas del cerebro cuya función es específicamente social no enviaron información estrictamente de ese tipo lo que indica, según Carter, la flexibilidad de nuestro cerebro.

lunes, 28 de mayo de 2012

El cerebro adolescente

Cartas | LA VANGUARDIA 21/05/2012 
Montse Izquierdo
Barcelona

El 14 de mayo del 2012 se publicó en La Contra una interesante entrevista a Iroise Dumontheil ("Sin la insensatez adolescente nos habríamos extinguido"), considerada una estudiosa del cerebro de los adolescentes. Como madre de adolescente, la lectura fue enriquecedora. Nos permitió constatar que la mayoría de los padres debemos afrontar situaciones muy comunes, pero nuevas para los progenitores que no somos neurocientíficos, sino sencillamente padres.

Cierto es que "la incapacidad para planificar y para medir las consecuencias de los propios actos a largo plazo" hace que los padres nos enfrentemos a un dilema: dejar que aprendan de sus propios fracasos y abstenernos, pese a que nos cueste, a la tan odiada frase: "Ya te lo advertí", o bien insistir, aunque a veces tengamos la sensación de monólogo más que de diálogo con los hijos, en el hecho de que, como indica Dumontheil, su destino está en sus manos.

La cuestión es que la sociedad, en una situación económica crítica, que no valora la capacidad de esfuerzo y en que la inmediatez sin coste alguno es prioritaria, y los padres tenemos una dura tarea que afrontar: asumir las peculiaridades del cerebro adolescente, armarnos de paciencia e impedir, entre todos, que la inconstancia y la visión del día a día propia de la adolescencia se convierta, después de la adolescencia, en el virus de la próxima generación. En definitiva, los adolescentes son nuestro futuro y no podemos renunciar a tener una sociedad mejor que la nuestra.

Neurociència i espiritualitat

Font:http://www.catalunyareligio.cat/articles/25788

“L’experiència espiritual passa pel nostre cervell”

 La Fundació Vidal i Barraquer proposa per al proper curs un màster nou sota el títol “Espiritualitat Transcultural”. El màster, dirigit per Jordi Font i Francesc Grané, estudiarà la saviesa de les religions des de la psicologia, la neurociència i les ciències.

“L’experiència espiritual passa pel nostre cervell"...  "i la intuïm materialment”, explica Jordi Font jesuïta i psiquiatra especialitzat en neurobiologia. A més, assegura que “el diàleg entre psicologia i religió hauria de ser cada cop més present”.

L’altre director del màster, el doctor en comunicació Francesc Grané explica que “és important abordar l’espiritualitat des de diferents ciències i és aquest un dels motius pels quals es considera necessari fer aquest màster”. Matisa que “la idea d’espiritualitat transcultural no fa referència a parlar de totes les religions sinó de tractar l’espiritualitat humana des de la psicologia i la neurociència”.

martes, 8 de mayo de 2012

El placer de hablar de uno mismo


Comunicar experiencias propias activa los mismos circuitos en el cerebro que el sexo y la comida, según una investigación de la Universidad de Harvard | Las personas dedican entre el 30% y el 40% de lo que dicen a transmitir información sobre sí mismas

LA VANGUARDIA 07/05/2012 - 21:50h
Un grupo de amigos charlando alrededor de una mesa GYI
Josep Corbella
Barcelona 

LA VANGUARDIA- 8-5-2012

Hablar de uno mismo activa los mismos circuitos de gratificación en el cerebro que el sexo y la comida, según demuestra una investigación presentada ayer por psicólogos de la Universidad de Harvard (EE.UU.).

“Los seres humanos dedican entre el 30% y el 40% de lo que hablan a informar a otras personas de sus propias experiencias subjetivas”, escriben los autores de la investigación en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU., donde han presentado sus resultados.

En redes sociales como Twitter, el porcentaje se sitúa por encima del 80%. Esta propensión a compartir las vivencias propias se manifiesta ya en niños de nueve meses, que intentan llamar la atención de los adultos sobre lo que les parece importante.

Para comprender esta afición tan humana a comunicar las vivencias propias a otras personas, los investigadores Diana Tamir y Jason Mitchell han diseñado una serie de experimentos para los que han reclutado a más de 200 voluntarios. En un primer experimento, se ha registrado la actividad cerebral de los voluntarios con resonancia magnética. Se ha comparado qué ocurría en su cerebro cuando pensaban en sus propias creencias, opiniones y rasgos de personalidad y cuando pensaban en los de otras personas.

Los resultados muestran que, al pensar en ellos mismos, se les activan el núcleo accumbens y el área tegmental ventral en el centro del cerebro. Estas mismas áreas se activan ante estímulos gratificantes como el sexo y la comida. Al pensar en los demás, en cambio, la actividad en estas áreas del cerebro es baja.

En un segundo experimento, Tamir y Mitchell pidieron a otro grupo de voluntarios que vinieran acompañados –por ejemplo, con la pareja o con un amigo–. Ante algunas preguntas, se les dijo que el acompañante oiría sus respuestas. Ante otras, nadie las oiría. De nuevo se registró su actividad cerebral durante el experimento. Y de nuevo se observó que hablar de sí mismos les resultaba más gratificante que hablar de otras cuestiones.

Pero la gran novedad de este segundo experimento fue que, cuando el voluntario sabía que su acompañante oiría la respuesta, la actividad del núcleo accumbens y el área tegmental ventral se disparaba. En cambio, cuando nadie iba a oír la respuesta, la actividad en estas áreas no aumentaba. “El valor de hablar de uno mismo tiene dos orígenes independientes: la introspección y la comunicación de información a otras personas”, escriben los investigadores en Proceedings.
Además de registrar la actividad cerebral de los participantes en la investigación, Tamir y Mitchell diseñaron una segunda serie de experimentos para evaluar su conducta. Se les propuso un juego en el que podían responder a preguntas sobre sí mismos, sobre otras personas o sobre hechos. Y recibían una cantidad de dinero según la pregunta que elegían en cada momento.

La estrategia de evaluar comportamientos con recompensas se ha utilizado en investigaciones anteriores en las que se ha observado, por ejemplo, que los macacos pueden renunciar a sorbos de zumo de frutas para ver a congéneres de alto estatus (algo así como pagar por ver a Madonna); o que los estudiantes universitarios están dispuestos a renunciar a dinero a cambio de poder mirar a personas atractivas del sexo opuesto. En esta ocasión, se ha observado que los voluntarios elegían las preguntas de un modo que les hacía perder el 17% de sus ganancias a cambio de poder hablar de sí mismos. Y, cuando sabían que su acompañante oiría las respuestas, renunciaban hasta al 25% del premio.

Los datos presentados por Tamir y Mirchell no aclaran si esta propensión a hablar de uno mismo es igual entre hombres y mujeres o si evoluciona con la edad. Tampoco explican por qué esta conducta varía tanto entre personas introvertidas y extrovertidas.

Pero los resultados demuestran que “los humanos están tan dispuestos a revelar información sobre sí mismos porque les resulta intrínsecamente gratificante”, concluyen los investigadores en Proceedings. Aunque esta idea se había propuesto antes como hipótesis, nunca hasta ahora se había demostrado
experimentalmente.

El placer de hablar de uno mismo es beneficioso por varios motivos”, argumentan los psicólogos de Harvard. “Genera vínculos y alianzas entre personas; ayuda a obtener conocimiento sobre uno mismo; [...] multiplica el conocimiento que cada persona puede adquirir a lo largo de la vida”. Y es útil para “la extrema sociabilidad de nuestra especie”.

miércoles, 2 de mayo de 2012

El llegat de Sísif. La cultura de l'esforç


Un magnífic documental! La veritat és que fa molta falta fer pedagogia pública de l'esforç. Portem ja massa temps parlant de manera molt simplista sobre la motivació a l'escola i ens hem oblidat  de mostrar al jovent la potencia extraordinària que té l'esforç continuat per assolir objectius que semblen sorprenents (de millora personal -virtuts- i  d'una vida col·lectiva més digna; de millora i excel·lència en els rendiments, d'aprofundiment en el saber,  de "vida aconseguida"...) Sense adonar-nos, mantenim atrapats als joves en un  pessigolleig motivador de baixa intensitat i escassa ambició que no porta més enllà de petites satisfaccions ocasionals i transitòries.  Per tant, s'agraeix molt aquest documental i la presència de figures eminents  que reforcen amb els seus comentaris la importància de l'esforç.  M'ha semblat molt oportuna la presència d'un neuròleg, perquè  també de l'àmbit científic s'està insistint en la importància que té ensenyar a aplaçar les recompenses i postergar el desig. L'últim llibre d'en José Antonio Marina -entrevistat al programa- sobre La intel·ligència executiva (Ariel, 2012) és molt  estimulant al respecte. Però com van comentar els autors del documental -l'Anna Barreda i en Lluís Montserrat- l'esforç necessita de valors i finalitats que ho legitimin  i justifiquin. No basta amb mostrar el nexe entre l'esforç i la consecució de fites, cal explicitar quins són els reptes que plantegem. I per parlar sobre això proposo fer urgentment un altre documental. Ho necessitem! I com a guió de partida, suggereixo el nou llibre d'en Gregorio Luri Per una educació republicana. Escola i valors (Barcino, 2012), una obra molt lúcida i realista, que trenca amb els sermons a l'ús que ens han portat al desencís actual.   

 

miércoles, 25 de abril de 2012

Cómo el cerebro nos hace sentir ubicados en nuestro cuerpo



Los voluntarios de un estudio del Instituto Karolinska llegaron a 'transportarse' a una Barbie

 - EL PAÍS Barcelona 6 FEB 2012 


¿Qué pensaría usted si alguien le dijese que puede sacarle de su propio cuerpo y trasladarle al de una muñeca Barbie? Desde luego no se lo tomaría en serio, y creería que se trata de algún truco o juego de magia. Pues ya puede empezar a pensar de otro modo porque, por increíble que le parezca, eso es lo que son capaces de conseguir un grupo de neurocientíficos del instituto Karolinska de Estocolmo. Sin drogas ni manipulaciones perjudiciales para el organismo, han demostrado que cualquiera de nosotros puede sentirse ubicado en un cuerpo, natural o artificial, diferente al suyo propio.
El asunto es más alucinante porque la percepción que tenemos de estar ubicados en nuestro propio cuerpo es tan poderosa que rara vez nos planteamos cómo es eso posible. Esa percepción es extraordinariamente coherente en relación con el mundo en el que vivimos. Cuando nos desplazamos de un lugar a otro nuestra mente viaja con nuestro cuerpo, encerrada en él, como su prisionera permanente, eterna. Los movimientos y disposiciones de nuestro cuerpo y sus partes sintonizan bien entre ellas y en relación con los objetos del mundo. Alargamos el brazo y la mano que sentimos como propios para coger una fruta del frutero o los retiramos convenientemente de un lugar donde pudieran sufrir algún daño. No concebimos como natural el que nuestra mente pudiera sentirse en un sitio diferente al de nuestro cuerpo, es decir fuera de él. Pero lo cierto es que la percepción que tenemos de nosotros mismos y nuestro cuerpo la crea el cerebro y eso debe de hacerlo de algún modo por el que los científicos se han preguntado.
En el Instituto Karolinska, Henrik Ehrsson y otros investigadores lo han descubierto. Cuidadosos e inteligentes experimentos con personas y objetos como maniquíes y muñecos han puesto de manifiesto que el cerebro crea la percepción de ubicación en nuestro cuerpo y sus límites combinando los diferentes estímulos sensoriales que recibimos, particularmente los visuales y somáticos, y estableciendo una relación sincrónica y coherente entre ellos. Modificando artificialmente esos estímulos en el laboratorio los científicos han demostrado que cualquier persona puede trocar la ilusión de pertenecer a su propio cuerpo por la de estar ubicado en otro diferente, sea natural o artificial.
Cualquier persona puede tener la ilusión de estar fuera de sí misma
Su dispositivo consiste en unos visores que permiten que el sujeto experimental visualice imágenes distantes de él mismo tomadas con cámaras de video. El experimentador, durante unos 4 minutos, va tocando el pecho del sujeto con un pequeño bastón de plástico y simultáneamente con otro bastón hace el simulacro de tocar el pecho virtual que el sujeto está viendo a través de los visores.
En esas circunstancias la mente cambia y el sujeto se percibe a sí  mismo en la distancia, más allá de donde realmente está su cuerpo, es decir, se percibe tal como lo capta en ese momento la cámara de video situada tras él. Vive sin vivir en él, podríamos decir, parafraseando a santa Teresa.
Pero la experiencia es aún más impresionante, pues cuando el experimentador hace el simulacro de golpear con un martillo el cuerpo virtual, el sujeto siente el mismo miedo que cuando la amenaza se cierne sobre su cuerpo real.
Recientemente, Ehrsson ha ido más lejos al conseguir mediante procedimientos similares que la mente del sujeto experimental se sienta trasladada al cuerpo de otra persona, al de una pequeña muñeca Barbie, o al de un maniquí gigante. La ilusión se parece tanto a la realidad que cuando los participantes en el experimento sintieron el pequeño cuerpo de la muñeca como el suyo propio percibían los objetos circundantes como más grandes y lejanos, es decir, sentían como gigantes los dedos o el lápiz que tocaba las piernas de la muñeca, en esa situación percibidas como las suyas propias.
El trabajo puede ayudar a los amputados a manejar sus prótesis
Algunos participantes ni siquiera se dieron cuenta del extremadamente pequeño tamaño del cuerpo de la muñeca y lo único que al parecer sintieron fue estar localizados en un mundo de gigantes. Eso significa que el tamaño que percibimos de nuestro propio cuerpo nos sirve de referencia métrica para evaluar el tamaño y las distancias de nuestro entorno, y explica también la común experiencia de sentir como más pequeños de lo que recordamos los lugares y objetos de nuestra infancia cuando los volvemos a visitar de mayores, es decir, con un cuerpo de mayor tamaño.
Aparte de su interés científico, estos experimentos pueden permitir el desarrollo de técnicas para facilitar la asimilación de prótesis en personas que hayan sufrido amputaciones, o para conocer la perspectiva del mundo desde agentes virtuales o reales. De ese modo, un cirujano puede mejorar su rendimiento sintiendo la ilusión de estar ubicado en un microrobot que practica la cirugía en el cuerpo de un paciente, un policía desactivaría más fácilmente una bomba sintiéndose ubicado en el robot que lo hace, y un ingeniero haría lo propio sintiéndose ubicado en el robot que trata de hacer las reparaciones necesarias en zonas radiactivas o peligrosas tras accidentes nucleares o desastres ecológicos. Tales ilusiones perceptivas podrían ayudar a mejorar el control y la eficacia de dichos trabajos, superando en ello a los controladores remotos clásicos.
La ciencia del cerebro no deja pues de sorprendernos.
Ignacio Morgado Bernal es catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la Universidad Autónoma de Barcelona.